La reforma que daría lugar al primer hotel de la marca de lujo de Marriott en España se prolongó durante siete años, unificando dos antiguos edificios de viviendas de alquiler diseñados por el arquitecto Joaquín Kramer. Un proyecto especial, fruto del trabajo de un gran equipo de profesionales, que devolvió el esplendor a este edificio situado en la zona más icónica de Madrid.

De la mano de Amagoia Ibarrola, de ARVO Arquitectura; José Alberto Alonso, de Proskene, y Vicente Navacerrada, de JW Marriott, pudimos disfrutar de un recorrido excepcional por todos los rincones del hotel. Un proyecto que arrancó desde un edificio catalogado de finales del siglo XIX, que se encontraba en riesgo de colapso estructural, pasando por un cambio de propiedad, una modificación de concepto y una pandemia, hasta dar lugar a lo que es actualmente: un espacio que rinde homenaje a sus orígenes.

Empezando la visita desde el lobby, en la planta baja pudimos recorrer los patios interiores, los portales originales, que se han conservado, y también el restaurante. Uno de los patios es el jardín, un homenaje al amor por las plantas del fundador de la cadena, John Willard Marriott, y un requisito fundamental en todos sus hoteles. La escalera, en la que se realizó también un gran trabajo de recuperación de los peldaños originales y la balaustrada de hierro fundido, es una pieza exquisita.

En las plantas superiores pudimos visitar dos de las 139 habitaciones del hotel, todas ellas diferentes y con vistas espectaculares. En el sótano accedimos al gimnasio, que antiguamente albergó la zona de cajas de seguridad de un banco. En la reforma se ha recuperado hasta el último detalle, desde el diseño de la forja de los balcones hasta el artesonado del techo de la escalera, con el típico diseño romboidal. También se restauraron cuidadosamente los pilares de hierro fundido que se pueden ver en el lobby y en algunas de las habitaciones, que se encontraban en su mayoría ocultos.

Al finalizar el recorrido, disfrutamos de un aperitivo en el bar del hotel y salimos al exterior para escuchar cómo fue la rehabilitación de la fachada. En definitiva, fue una experiencia única de la que nos llevamos, además de un magnífico recuerdo, dos obsequios: el libro editado por ARVO sobre esta reforma, con el testimonio de todos los profesionales participantes, y una esencia de Madrid, obsequio del hotel, ligada profundamente a la tradición de las perfumerías, ya que el propio edificio albergó la famosa perfumería Álvarez Gómez.